domingo, diciembre 28

ALBERTO FORCADA


Tengo la manía de guardar revistas, libros, recortes... Mi pasatiempo favorito es cambiar las cosas de lugar (se supone que limpio, pero como no se puede limpiar nada escrupulosamente sin manipularlo por todos lados...); un libro perdido en una "multitud" de objetos semejantes, siempre me trae el deseo de rescatarlo. Gracias a mis "vicios" me descubro ignorante y rejuvenezco pues no me puedo morir hasta que cumpla con mi "misión" que es organizar todas estas revistas, todos estos libros, todos estos discos... y bien se sabe que es una tarea interminable, pero divina porque gracias a ella me reencuentro y conozco y sé y busco. Hoy, Alberto Forcada, alguien de quien leí una pequeña reseña sobre su cuento La niña y el sol, que dice: Hace años, el sol se enamoró de una niña. Estaba el sol tan hechizado que comenzó a tardarse más tiempo en cruzar el cielo. Lentamente admiraba a su niña y exalaba tremendos suspiros de calor que convirtieron el lugar en un desierto: quién diría que Arabia nació por un sol enamorado.
Alguien de quien no encontré libro alguno en ese momento y hoy lo tengo a mi disposición en Internet (con mi Visa, claro); alguien a quien le he enviado una invitación de amistad (debería ser de admiración) por mi Facebook; alguien cuyo nombre no voy a olvidar, no puede ser un extraño intelectual mexicano universal, sino un amigo que con sus palabras me rescata y me hace fuerte, me da alas y me enriquece.
Me dirán que soy una tremenda egoísta porque el mundo se cae a pedazos y yo adoro organizar mis libros, pero ¿qué puede hacer esta alma desprendida de todo materialismo (salvo los libros, revistas, recortes y discos) sino escapar como Sebatian Baltasar Bux a salvar a la Emperatriz Infantil y al Reino de Fantasía? El resto, el resto es La Nada.

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