domingo, diciembre 21

HERMANOS PARA SIEMPRE

 

Compartir un mismo grupo sanguíneo, los mismos padres, crecer bajo el mismo techo, pelearnos y reconciliarnos constantemente, fraternalmente... somos hermanos. Me faltan dos: King Jong (quien vive en Puerto Rico) y Juan José, quien escapó de las sesiones de fotos de aquel día para desquitarse bailando como un Jhonny Ventura cualquiera. Sin dudas, la vida sin mis hermanas y hermanos, sería sencillamente, inútil. Mis oraciones y bendiciones diarias son para ellos. Que sepan que los amo y que daría mi vida por cualquiera de ellos. Amén.
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Ángela Peña: René del Risco Bermúdez vivió intensamente para las letras y la gran causa de la libertad.









Estuvo apenas treinta y cinco años en este mundo pero, en tan breve tiempo, combatió con ardor y sin temores la tiranía trujillista, luchó en la revolución constitucionalista de abril de 1965, publicó narraciones, poesía, fundó grupos literarios, compuso canciones, creó empresas, produjo populares programas en la radio y la televisión y dejó a su descendencia el legado de su sensibilidad humana y el regalo de sus lauros pues su canto, sus cuentos, sus versos originales, superiores, enriquecedores, hermosos, merecieron el reconocimiento general.

La tiranía lo persiguió con encono hasta lograr capturarlo el veinte de enero de 1960. En la cárcel La 40 sufrió la tortura de la silla eléctrica y su cuerpo quedó marcado para siempre con las cicatrices de los azotes en la espalda y las oquedades en las piernas por los cigarrillos que sus verdugos apagaban en su carne tierna.

Tuvo un segundo nacimiento, al parecer de su madre, el catorce de julio de 1960 cuando fue liberado de esa mazmorra. Pero la calle resultó más peligrosa que la prisión por los esbirros y espías que lo vigilaban y acosaban y fue preciso enviarlo a Puerto Rico el once de octubre. El exilio no detuvo sus ímpetus patrióticos. Junto a Antonio Zaglul, Miguel Feris Iglesias y otros combatientes contra la dictadura continuó su campaña denunciando las atrocidades del régimen hasta 1962 cuando retornó a la Patria para seguir enfrentando desigualdades e injusticias sociales en el Movimiento Catorce de Junio.

“Acusado por la misma pandilla de bandidos” debió abandonar Macorís y radicarse en Santo Domingo.
René del Risco Bermúdez agotó con intensidad sus escasos años en la tierra. Doña América, la progenitora de frágil cuerpo y espíritu indomable, aliada del hijo que apoyó sus ideales, dice que él vino a completar la misión de su abuelo, el excelso poeta y apasionado nacionalista Federico Bermúdez.

Cuando una llamada telefónica interrumpió la existencia del incansable cantor de amores y pasiones, en diciembre de 1972, recordó que en varias ocasiones él había anunciado que dejaría de existir justo a esos años. “Nadie muere a destiempo. René fue un predestinado. Venimos con los días contados. Él vino a cumplir una misión: prestar su concurso a la causa del pueblo, defender sus derechos. Desde muchacho lo predijo: yo voy a morir a la misma edad de mi abuelo Federico”. Las vidas de ambos guardan asombrosos paralelismos.

Doña América Bermúdez Escoto, maestra, historiadora, escritora, furibunda antiimperialista y antibalaguerista, recuerda con esplendidez todos los detalles de la vida de René, desde que lo trajo al mundo en San Pedro el nueve de mayo de 1937. Su primera escuela fue la de la señorita Rosa Elena Vilomar. En 1943 estuvo entre los alumnos fundadores de la Anexa a La Normal y apenas en un año fue promovido a quinto curso. Inició bachillerato en la Normal Superior José Joaquín Pérez, “con no poco trabajo de mi parte pues él y Agustín Perozo decían que no iban a estudiar francés ni religión porque ni Barón del Giudice ni Federico Nina (prestigiosos abogados macorisanos) sabían francés, y vivían muy bien, y ellos no iban a ser curas”. Amenazado con un “entonces vas a trabajar donde Simoncito Haché”, presentó las asignaturas. Pasó entonces a la Universidad de Santo Domingo a estudiar Derecho, interrumpido al tercer año pues “se enroló en la política contra Trujillo”.

“Ya en La Normal había tenido problemas porque hablaba bien de Fidel Castro. Cuando cayó preso, decía que era el prisionero más distinguido de San Pedro de Macorís. Se puso un traje que había estrenado el día de Pascuas, lo fue a buscar el gobernador José Roca Castañer y de la fortaleza a La 40 lo llevaron en el yip del comandante del Ejército, esposado junto a Papilín, un seminarista de La Romana que desapareció”. Doña América esperaba ese momento. “Cuando vino con Danilo Aguiló a decirme que ya habían caído Frixo Messina, Julio Escoto, Manolo Tavarez, les dije: pues prepárense, que yo estoy preparada. El que no sabía nada era el papá, yo no, yo fui su cómplice. Estuve un año sin salir para oír los programas de Cuba y Venezuela y tenerlos a ellos al corriente de todo”. El padre de René era Víctor René del Risco Aponte.

“En los seis meses que estuvo preso, recé todos los salmos de la Biblia. La gente se admiraba de mi seguridad cuando salí a anunciar: ¡Ya se lo llevaron! Les decía que yo lo esperaba, y si ya estaba hecho, sólo quedaba pedir a Dios que saliera bien. Iba a verlo los domingos, a veces no les daba la gana de dejarme entrar. Cuando lo soltaron le pedí: ¡No me digas lo que pasaste, que busco uno de esos calieses y lo mato!”.

El Intelectual

René del Risco casó el ocho de enero de 1961 con Altagracia Musa Grunning, que le acompañó al destierro, donde nació su primogénita, Minerva. Luego tuvieron a René Miguel, fallecido días después de su venida al mundo. En 1970 casó por segunda vez con Victoria Bobea Amor, madre de René Ernesto.
Doña América comenta: “no es porque está muerto, René tenía un alma blanca, se compadecía del dolor de todo el mundo, no dañó a nadie. Se quitaba las cosas de encima para ayudar al otro”. Considera que “era bastante agraciado, color trigueño, claro, cabello negro, de un perfil muy bonito y de una boca que llamaba la atención. A pesar de que no era alto, era elegante”.

“Comenzó a escribir desde muy joven. Minerva, su hija, conserva el original del que hubiera sido su primer libro, Nenúfares”, cuenta. También actuaba en veladas infantiles y componía canciones. Escribía en el semanario El Este, dirigido por Javier Martínez, y sus poemas fueron leídos en Nueva York, en el espacio La noche es joven. Organizó además, el programa Atardecer, en HI1J, “que tenía como fondo el vals Candilejas” y trabajó en HIN con el programa Montecarlo. Fue fundador y conductor de Sábado de Ronda, en Radio Televisión Dominicana.

Trabajó en las publicitarias Bergés Peña y Young and Rubicam y en septiembre de 1972 se unió a José Augusto Tomen para fundar la publicitaria Retho. Previamente había laborado en la secretaría de Agricultura y en la Ferretería Reid, “pero lo dejó porque ¿tú te imaginas a René vendiendo tornillos?”, se pregunta doña América.

“En la guerra de 1965 se metió en la zona constitucionalista, en el departamento de Prensa del gobierno de Caamaño, con Miñín Soto. Iba a verlo todas las semanas, como su cooperadora, para alentarlo. Los reaccionarios de aquí lo mataron dos veces, en el asalto al Palacio y en un bombardeo en la 30 de marzo. Me trasladé a Santo Domingo con una vela y una caja de fósforos en la cartera, pero eran mentiras”.
La vida literaria de René es del absoluto dominio de doña América. Ese conocimiento no se limita a sus años juveniles. Al concluir la contienda bélica, explica, fundó el grupo El Puño, con Ramón Francisco, Miguel Alfonseca, Marcio Veloz Maggiolo, los hermanos Echavarría... En 1966 le premiaron el cuento La máscara, “porque entonces se dedicó a la narrativa”. Otras obras de René son Ahora que vuelvo, Tom, El viento frío, En el barrio no hay banderas, Del júbilo a la sangre, El cumpleaños de Porfirio Chávez. En 1981 se publicó Cuentos y Poemas Completos, con prólogo de Ramón Francisco. Del Risco participó en diferentes festivales de la canción en los que sus composiciones alcanzaron primeros lugares.

La noche del diecinueve de diciembre de 1972 “se encontraba con un grupo de amigos en el restaurante El Dragón, que estaba en los bajos de donde vivía Miñín Soto, recibió una llamada y se levantó intempestivamente. En la denominada Curvita de la Muerte, de la George Washington, chocó con un camión cargado de habichuelas. Murió en el hospital Lithgow Ceara. El doctor Castellanos me anunció: “bregamos hasta lo imposible para salvarlo, pero llegó en estado agónico. Me tocó consolar a Victoria, a René, el papá, pero fue un golpe duro, inolvidable. Díos prepara a la gente: me dio poco cuerpo, pero mucho espíritu. Al año y medio enterré a mi esposo, víctima de un cáncer”.

“Creo en la reencarnación, pienso que él reencarnó el espíritu de Federico Bermúdez. Parece que él vino a terminar la obra de su abuelo”.

Periódico Hoy, 9 de marzo 2003

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¡GRACIAS, RENATO RÍMOLI!

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